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La loca fría

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 Con el corazón de niña y el alma de mujer, así se siente una cuando crece. El corazón, el alma y la mente funcionan por separado. Dejando de lado el alma que tiene su propio camino, el órgano torácico y el de la cabeza se llevan a matar. ¡Menudas discusiones tienen día a día! La mente siempre sensata toma decisiones frías, aunque la mayoría de las veces acertadas. Luego tenemos al señor Corazón, siempre caliente, atrevido y alocado, que las determinaciones las toma con brío, y por supuesto no siempre con acierto.  ¿Si se hicieran novios? ¿Si tomaran el mismo camino?  Vamos a imaginar… El señor Corazón y la señora Cabeza se unen en matrimonio para ir toda la vida de la mano. No habrá discusiones, la cabeza se calentará un poco y el corazón se entibiará perdiendo su celeridad.  Nos enamoraríamos con la cabeza y estudiaríamos con el corazón.  No sé, no me termina de convencer este casamiento… Voy a seguir siendo la loca de la cordura o quizás la fría enamorada.

Un favor

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 Estaba marcado en el calendario como un día especial. Le hacía mucha ilusión, pero tenía sentimientos encontrados.  La cena sería agridulce. Romana viajaría a la Antártida por trabajo, quedándose allí durante seis meses.   Se alegraba muchísimo por su amiga, ya que ir a aquel paraíso era su gran sueño.  Así lo llamaba ella, el paraíso de la fotografía. No obstante, se sentía triste por la separación, ya que hacían muchos planes juntas, se contaban sus problemas y no eran capaces de quedar solo para media hora.  —¿Ya has preparado la maleta? Acuérdate de meter preservativos y el “satisfyer”—. Le dijo entre risas.  —¡Práxedes, por Dios! Decide o condones o “el Pepe”—Le respondió simulando asombro.  —¿El Pepe? ¿Así llamas al aparatito?  Mira linda, no hay que cerrar puertas, si te sale plan usas condón, pero si son demasiado fríos…—Y aquí tuvo un ataque de risa que le provocó una escandalosa tos.  —Contrólate que te vas a ahogar—Siguió su ...

sencilla

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 Se levantó contenta. Era su cumpleaños. Tras una ducha con jabón oloroso se dispuso a secarse el cabello. Un pelo negro y sedoso, siempre recogido, que hoy soltará para que los rizos le caigan libres sobre sus hombros. Un maquillaje ligero, con apenas un toque de color en los ojos, y los labios con un brillo que resalte su color natural. La camisa de un rosa pálido hace que sus pantalones vaqueros tomen protagonismo. Todo esto combinado con unas zapatillas de lona blanca. En el pequeño bolso llevará lo imprescindible. Sale de casa sin ser vista, con la misma alegría y decisión, que miedo. Una hora más tarde, el maquillaje es un recuerdo, y por traje tiene hematomas de diferentes tamaños conjuntados con los coágulos de sangre procedentes de las heridas. Sus ojos hinchados apenas le permiten ver el lugar donde esos monstruos le han arrojado. Con gran esfuerzo intenta ponerse en pie, pero solo consigue quedar temblorosa y a cuatro patas. No puede creerlo. Esos iracundos no tardaron n...

Los sueños no se cumplen

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 Ella no recuerda la vida sin danza. Cuando apenas había dejado los pañales, el ritmo inundó sus venas. Al principio fue un juego, luego vinieron los concursos y los éxitos. A sus 20 veranos tenía la energía sin estrenar. Tras los ensayos, corría de clase en clase con la intención de terminar la carrera, que como condición para seguir bailando le pusieron sus padres.   Era jueves y, el cumpleaños de su madre, le tenían preparado una fiesta sorpresa. No se cumplen 50 años todos los días.   Al salir de clase subió al coche, metió primera y puso rumbo a las afueras. Allí es donde toda la familia recibiría a la cincuentona.   La carretera estaba despejada, aunque con los restos de la lluvia caída por la mañana. Iba algo justa de tiempo, no había tráfico, pisó un poco más el acelerador, en ese momento, de la nada, un pequeño jabalí salió a la carretera.  Un ligero movimiento del volante hacia la derecha y un brusco giro a la izquierda hizo que el coche...

Tarde de calor

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 Con este calor lo único que me apetece es mirar por la ventana con un vaso que me refresque. Viendo pasar a la gente con ropa ligera y tomando un helado, recuerdo los momentos vividos con mis hijos, cuando tomar un helado era un lujo.  Mi marido hacía doble turno para que ellos pudiesen disfrutar de un verano feliz, bueno, también ¿por qué negarlo? Para no aguantar los gritos infantiles, las peleas entre hermanos, tener que poner límites continuamente. Todo eso lo hacía yo durante el día. Cuando llegaba la noche con su beso de antes de dormir y un par de mimos ya era el padre perfecto. Conmigo, en cambio, todo eran reproches. El único momento que no gritaba enfadado era en la cama mientras sus movimientos rítmicos le aseguraban un relajado descanso. Descanso que yo aprovechaba para hacer la comida que se llevaría al trabajo el día siguiente.   Miro el vaso vacío en mi mano, con cuidado lo lleno de nuevo, esta vez el hielo es el protagonista.   Al morir mi ...

Sorpresa en la huerta

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  — Abuela, mira lo que ha salido en el huerto. Si todas las zanahorias salen así, nos volvemos ricas. ¿Quién dijo que el oro no crecía en el huerto? —Noelia parloteaba emocionada ante el gran hallazgo. La sonrisa que le ocupaba toda la cara se fue apagando al mirar a su abuela.  Hercilia al principio abrió los ojos como platos, pero su boca abierta y su progresiva palidez indicaron a su nieta que aquello no era baladí. — ¿Qué sucede, abuela?—le preguntó algo preocupada. —De esta huerta, ¿habías recogido algo así? Extendiendo la mano, la anciana tomó aquella deforme zanahoria y observó muy atenta el regalo que ella traía. Parecía increíble que alrededor de aquel tubérculo se hallase el motivo que más grande discusión tuvo con su, ya fallecido, marido. Noelia no entendía nada. Ella estaba asombrada por su descubrimiento. Las lágrimas de su abuela la desconcertaron. Hercilia, por su parte, ya se había trasladado a aquel día de septiembre de hacía demasiados años.  Empezaba ...

Añoranza

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  La salida de mi país no ha sido fácil. He tenido grandes dificultades. Solo quiero ganarme la vida con mi trabajo, no tener ese miedo constante a que me maten, poder caminar por la calle sin que me señalen solo por tener ideas propias. El país que me acoge nada tiene que ver con el mío. Es muy diferente a cómo me lo imaginaba y a todo lo que me habían contado. La añoranza duele hasta el punto de que en ocasiones me falta el aire. La comida es diferente, aunque pueda cocinar, no son los mismos productos. Hasta lo más básico sabe distinto. A pesar de compartir idioma, me cuesta entender muchas conversaciones. Soy el diferente, el extranjero, el exótico por mi tono de piel y mi dicción tan diferente. No niego que me han acogido, claro que sí, pero siempre soy el de fuera. Las vivencias infantiles que a veces compartimos nada tienen que ver con las de mis paisanos. Hasta la música es diferente. Ir al mercado es toda una aventura, nunca sé si volveré con algo que sepa cocinar. Siempre...