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relatos para recordar

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 Me gustaría que los que aún no habéis leído algunos de mis relatos disfrutéis de los antiguos. Esos que fueron el germen de lo que hoy son los relatos de los lunes. De paso me tomo un tiempo para seguir escribiendo y poder ofreceros la calidad que merecéis todas las que los lunes os pasáis un ratito con mis historias.  Os dejo enlace a algunos de los relatos pasados. No son ni mejores y peores que otros, pero estos recuerdos os regalo: https://sonrierelatos.blogspot.com/2022/11/fuego-celestial.html https://sonrierelatos.blogspot.com/2022/11/foto-de-familia.html https://sonrierelatos.blogspot.com/2022/10/la-ciudad-no-es-para-mi.html https://sonrierelatos.blogspot.com/2022/10/un-cuaderno-polvoriento.html

Lela

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 Lela, así me llaman. No siempre me ha gustado, pero es parte de mí y de mi historia.  — ¡Esta niña es una lela!—Esto, dicho por mi padre, fue la primera vez que escuché esa palabra. Yo me sentía orgullosa, mi papá me llamaba Lela. A mis hermanos no les ponía nombres diferentes a los que tenían.  Más adelante me di cuenta de que no era un apelativo cariñoso. La "lela" no atendía a nada cuando estaba enfrascada en una novela.  — ¡Lela! Pon la mesa, déjate de tanta historia fantasiosa. Ese grito me hacía volver a la realidad. Dejaba el libro con mucho cuidado de no perder la página donde iba. Ponía la mesa, cada plato, vaso y cuchara pensando en la historia de la que no terminaba de salir. No era consciente de que siempre ponía yo la mesa, mis hermanos seguían jugando a sus guerras, hasta que les llamaban para sentarse. Ya comiendo, me quedaba muchas veces revolviendo la sopa pensando en el protagonista de mi libro. En casa, ya no era solo mi padre el que me llamaba “l...

Como cada mañana

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 No sé cómo he llegado a esta situación. Esta mañana salí a trabajar, como cada mañana. Caminando tranquila, como cada mañana. Pensando en mis cosas, como cada mañana. Un coche gris paró a mi lado, esa mañana. Del mismo salieron dos personas tan rápido que no me dio tiempo a darme cuenta de lo que sucedía. Uno de ellos me tapó la boca con un pañuelo y entre los dos me introdujeron en el coche. Un fuerte acelerón es lo último que escuché antes de que el anestésico hiciera su efecto.  Al despertar un fuerte dolor de cabeza me trajo a la realidad. En esta situación estoy ahora. El miedo invade cada célula de mi ser. Miro alrededor y no veo a nadie. Un cuarto vacío, ocupado solo por la manta que tengo debajo y una bolsa con un par de manzanas. Mi respiración comienza a acelerarse, no puedo controlarla, me falta el aire y cuanto más deprisa respiro más me falta. Agarro la bolsa de las manzanas y, sin ningún cuidado, tiro la fruta. Pongo la bolsa cubriendo mi nariz y mi boca. Respir...

¿Un mal día?

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 Mi marido entra en la habitación, me mira desde el quicio de la puerta. Su mirada solo transmite incredulidad. Le sonrío con la cara llena de lágrimas. Se acerca despacio. Antes de sentarse a mi lado me quita lo que llevo en mi mano izquierda y lo deposita en el suelo. Eso hace que mi llanto se intensifique. — ¿Qué ha pasado?—Me pregunta con cara de pasmo, más preocupado que otra cosa.  Mi congoja no me deja hablar. Él con la paciencia que le caracteriza espera a que me tranquilice. Poco a poco me voy serenando. Rememoro mi “estupenda mañana”. Hoy el despertador no ha sonado a la hora acordada entre él y yo la noche anterior. Con ese inicio, el día no presagiaba nada bueno. Tras desayunar deprisa mientras los niños se vestían, les he puesto su desayuno metiéndoles toda la prisa que podía. Los chavales han desayunado y salido de casa a la carrera. ¡Menuda agilidad! Entretanto, he cerrado la bolsa de basura que ya empezaba a oler, y con el bolso, el paraguas, las llaves y por s...

Él, ese señor

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 Un par de zapatillas de paño desordenadas aparecen en mi campo visual, según avanzo por el pasillo con todos mis sentidos alerta. Él es estremecedor, mi mente me juega malas pasadas. Por el rabillo del ojo me parece atisbar a mi hermano. Yo sé que no es posible, él y su silla de ruedas están institucionalizados hace varios meses. Piso algo que hace que me tambalee, es un paraguas del viejo. Lo tomo en mis manos y un recuerdo me invade. Un niño alegre jugando con su amigo, a esos amigos con los que en algún momento te peleas. Ese día fue así, nos peleamos, como tantas veces. La casualidad y el reloj quisieron que en ese momento nuestros padres hiciesen aparición. Mi amigo fue corriendo donde el suyo para darle su versión que no era otra que yo le había pegado. Mi padre con su mirada y un movimiento de cabeza indicó que volviese a casa con él. Al entrar en el portal sin mediar palabra alguna me estampó en la cabeza el paraguas que llevaba en la mano. A mí, más que un paraguas, me pa...

Fe sin Amor

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 Mi hijo se hace mayor. Ayer fui plenamente consciente de ello. Siempre ha sido un chico sano, gracias a Dios. Desde que nació fue bendecido con un buen carácter y un don para ver la parte buena de todas las personas. Tiene infinidad de amigos. Últimamente, me habla con mucha ilusión de una amiga especial. Es maravilloso, mi pequeño se ha enamorado. Y por fin, ayer fue el gran día, su novia vino a casa para conocernos, al tiempo que José María nos la presentaba a su padre y a mí. La chica es guapa, amable y educada, aunque hubo algunas cosillas que me dejaron intranquila. Lo primero fue lo del nombre, José María nos la presentó como “Ro”. Ante mi cara de extrañeza me explicó que su nombre es María Rodelga, pero que no le gusta nada. No me explico cómo alguien puede despreciar el nombre que le pusieron en la pila bautismal. Otra cosa que me chirrió fue cuando justo antes de comer nos disponíamos a bendecir la mesa, la noté como perdida, no sabía qué hacer. ¡En fin! Tendré que tener ...

Me quiero vivir

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  En esta cama de hospital pienso en mi vida, esta vida que ya exprimo sus últimas gotas.  Mi cuerpo se va consumiendo, ya no tiene mucho más, pero mi mente y mis ganas de vivir siguen aumentando. No me quiero ir. Quiero seguir viviendo. Me quiero vivir. Toca despedirse, algo duro para mí, aunque necesario para mis personas queridas. Veo cómo me miran. Hay todo tipo de miradas en los ojos de los que no dudo, me quieren.  Ojos llorosos y huidizos, tratando de ocultar lo que les duele verme así. Miradas de compasión, las menos, no saben cómo comportarse ni qué decir. Otras valientes con dolor en el fondo de sus pupilas; sin embargo, dispuestas a todo. Aquellas que quieren hacer algo, y no paran de hablar. También están las que solo miran sin saber qué hacer o decir, dejándome un espacio que necesito. Me fijo en esas que su dolor mira el mío y en esa lucha se nos apacigua el alma a ambas. Y están en las que me relajo y me dejo hacer.  Estos huesos vestidos de piel, ya n...