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Cumpleaños

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 Mi cumpleaños es el 20 de enero. Es una fecha nada buena para nacer, ya que al estar tan cerca de Navidad los regalos se van unificando. Aprovecho para reivindicar el derecho de las personas nacidas alrededor de las fechas navideñas a tener dos regalos, uno por nuestro cumpleaños y otro por Navidad.  Bueno, sigo con mi curiosa historia que me voy por los cerros de Úbeda.  El caso es que un enero de hace unos pocos años (más o menos 40), mi madre preparó una celebración de cumpleaños especial.  La fiesta iba a ser genial, vendrían mis amigos del barrio y los de la escuela. Las invitaciones fueron realizadas con mucha ilusión.  Me pasé todas las vacaciones haciendo las tarjetitas y las repartí una semana antes de la fecha.  Indiqué mi número de teléfono al que llamarían para quedar con mi madre.  El caso es que aquel día fue maravilloso, en el cole me cantaron el cumpleaños feliz e incluso hubo quien me regaló un precioso dibujo.  Estaba tan emocio...

La melena

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 Me miro en el espejo, que me devuelve una imagen desconocida. Una señora con arrugas en la cara, Manchas moradas bajo los ojos y lo más llamativo, una cabeza desierta de la gran melena rubia que hacía tantos años me acompañaba. La echo de menos, pero su pérdida me va a devolver lo más valioso que tengo.   Mi memoria va hacia atrás. Esta mañana mi hija de 15 años desayunaba cabizbaja y pensativa. No sé, quizá no eligió bien el momento, hoy yo no quise que ese momento fuese el adecuado. —Quiero estudiar Bellas Artes— soltó sin más, sin levantar la cabeza siquiera. — ¿Y eso a que viene ahora? Dibujar es un hobby y la vida es otra cosa—Le respondí con la voz algún tono más alto de lo apropiado. — ¡Y tú qué sabes! ¿Acaso te importa lo que me gusta o algo de lo que hago?—Me gritó poniéndose en pie. —Tú lo que tienes que hacer es estudiar algo que te vaya a dar de comer. O ¿crees que con garabatos en un lienzo vas a poder llevar la vida que te gusta?—Mi enojo respondió por mí. ...

El verano

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 Una suave brisa, un movimiento rítmico y un silencio extraño me encontré al despertar. Parpadeé varias veces para salir de lo que yo creí que era un sueño. Al levantar la cabeza mis ojos solo vieron agua. Estaba totalmente rodeado de agua. Cerré de nuevo los ojos e inspiré profundo. Mi cerebro iba a mil para intentar recordar lo último que hice antes de dormirme. Solté el aire con fuerza y una luz iluminó esa pequeña bombilla que todos tenemos en la cabeza. Sí, ahí estaba, ahora todo tenía sentido. ¡Cómo he podido ser tan estúpido! A primera hora de la mañana he llegado al camping con mi familia. Había que montar la tienda de campaña. Los niños me han ayudado, aunque a veces me entorpecían más que nada. Mi mujer, con atender el pequeño e ir sacando las cosas de la furgoneta, ya tenía bastante. Cuando ya hemos terminado con la tienda hemos ido colocando todo. Ha llegado un momento que ya no podía más y he pedido a Raquel que se llevase a los niños mientras acababa de colocar todo. ...

El viaje de aniversario

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Este viaje lo planeé hace meses, quiero celebrar nuestro quinto aniversario desde que comenzamos a salir, por todo lo alto. Será nuestro último aniversario de novios, ya que en el próximo nos casaremos. La fecha de la boda, la hemos hecho coincidir con ese día. Así siempre celebraremos el 9 de mayo de manera especial. El recorrido lo hacemos en coche, por carreteras comarcales, a ser posible. Hoy toca una carretera algo más transitada. No vamos muy rápido. La carretera es de doble sentido. Todo ha sido demasiado rápido, un coche adelantando, un cambio de rasante y oscuridad. Al despertar veo ambulancias, mucha gente y una camilla con mi novia en ella. Quiero ir con ella, sin pensarlo, me levanto y entro en la ambulancia sin que nadie me detenga. Quiero darle la mano, pero los sanitarios no me dejan. Ellos están ocupados en ponerle una vía con un suero y en controlar sus constantes vitales. Al llegar al hospital las puertas se abren. Me percato de que llega otra ambulancia con las misma...

Buscando una vida

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 El triste adiós de aquellos que dejé atrás, me encogió el alma. Según se alejaba el barco, mi ánimo se hundía en este mar que me prometía una nueva vida. Al enfrentarme al gentío lloroso que poblaba la cubierta, me llamó la atención una mujer joven con una niña agarrada de su mano. La joven tenía más o menos mi edad y destacaba su sonrisa entre tanta tristeza.   Fuera de primera clase, la gente compartía camarote con diez personas, cuando no se colaba alguna más. Así que decidida a no quedarme sin mi camastro por muy humilde que fuese, salí de cubierta. Me acomodé en una litera en la parte de abajo sabiendo que la cama superior sería habitada por alguien, aunque mi miedo a caerme superó las posibles molestias que esa pasajera en cuestión me causaría. Enseguida comenzaron a llegar más mujeres, todas llorosas. Nos mirábamos de reojo al principio, luego nos fuimos presentando. Algunas eran hijas de algún empresario que las reclamaban, aunque no se podían permitir los pasaje...

la amistad infantil

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 En la mesa se reparten los ajados naipes. Los cuatro son aficionados, más que al juego, al rato compartido. Los recuerdos y las fanfarronadas se ponen sobre el tapete justo al lado del as de bastos. Esta semana le toca a Alfonso ser el anfitrión. Con algo de esfuerzo por el rechinar de sus huesos, saca del armario el jamón que le regalaron en Navidad. Ramón se presenta voluntario para cortar finas lascas que degustarán con algo de vino; no mucho, para que los ánimos no se exalten en demasía. El cuchillo jamonero se adapta perfectamente a la mano de Ramón. Una bandeja de metal al borde de la mesa será el recipiente idóneo. Un pequeño roce hace caer al suelo la fuente metálica.  El estruendo provoca que el cuchillo resbale y muerda la mano de Ramón. Alfonso, al percatarse del incidente, coge un trapo limpio e intenta taponar la herida de su amigo de la infancia. Al ver las manos de ambos manchadas de rojo, se miran y en la mente de los dos se representa la misma escena. Dos niñ...

Volver a casa de madrugada

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 Vuelvo a casa después de estar con mi amiga en el hospital, al final solo era una torcedura de tobillo.   Son las 3:00 h de la madrugada, algunas farolas están encendidas.  A la altura del parque estiro la espalda con la ilusión de parecer más decidida. Casi sin pensarlo, de forma mecánica me cruzo el bolso pasándomelo por la cabeza. Al poco oigo pasos a mi espalda, intento mirar de reojo, pero no veo nada. Acelero un poco el paso.  Los pasos que escucho detrás también aumentan el ritmo. Esta vez me vuelvo como para enfrentar a quien me esté siguiendo. Para mi sorpresa no hay nadie. Tomo aire y me digo a mí misma que mi imaginación me está jugando una mala pasada. Prosigo mi camino, y de nuevo el sonido de pisadas. ¿Será que el miedo me hace escuchar fantasmas? Vuelvo varias veces la cabeza y no veo a nadie. Mis pasos se aceleran y con el afán de comprobar quién me persigue, no veo que el viento juega con una solitaria bolsa, la cual aterriza en mi cara, provoc...