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La carta

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 Me dispongo a leer una carta escrita por el hombre que me ha criado y querido como un padre. Ese hombre apareció en mi vida, el mismo día que mi propio padre desaparecía entre las olas de un mar embravecido.  " Querida Esther:  Si estás leyendo esto, significará que ya no estoy a tu lado. Algo que he hecho desde que naciste. Sí, has leído bien. El día que naciste estaba allí para cogerte en mis brazos, cuando respiraste por primera vez. Fue el momento más alegre y al mismo tiempo más triste de toda mi vida. Tú iniciabas tu andadura por la tierra y tu madre la comenzaba por el cielo.  Ya sé que ahora no entiendes nada. Te estarás diciendo que yo aparecí en tu vida, el día que tu padre perdía la suya. Eso has creído siempre y así debía ser. Ahora ya te puedo contar toda la verdad. Yo soy tu padre, sí, aquel que desapareció en el mar.  Unos días antes de mi supuesta desaparición, mis investigaciones sobre los planos temporales dieron un salto hacia adelante. Tras ...

Encuentros en la vejez

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El primer día que ingresé en esta residencia, no me hacía la idea de lo que me iba a encontrar en ella. Ese día, todo eran buenas caras. Mis hijos vinieron conmigo y todo parecía fantástico. Llevo seis meses aquí, y a pesar de recibir todas las semanas varias visitas de mis hijos, soy la mujer más triste de la residencia. Vamos poco a poco.  Aquel primer día me llevaron a la que sería mi habitación. La compartiría con una mujer, en apariencia agradable. Y así resultó ser. Mi compañera de habitación, siempre ha sido un gran apoyo para mí, y la única conocedora de mi tormento. Falleció hace un par de semanas y ya no puedo desahogarme con ella. En fin, a lo que voy, que me distraigo. Después de que mis hijos se marcharan, me enseñaron el comedor y mi lugar en él. Justo en ese momento empezaría mi angustia. En la mesa junto a la mía comía una mujer, que al principio no reconocí, sin embargo, a los diez minutos la tenía más que ubicada en mi memoria. Ella al verme me sonrió casi sin mir...

Bonita lámpara

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Alejandra me ha propuesto que le ayude este fin de semana a ordenar la casa de su tía abuela, que falleció hace unos meses. La han heredado todos los sobrinos, uno de ellos es la madre de mi amiga. Son unos cuantos, pero es mi amiga quien se va a encargar de quitar chismes del medio antes de ponerla en venta. Le han dicho que lo que se pueda aprovechar perfecto y si encuentra algo que pueda vender se lo puede quedar, siempre que lo haga en el mismo fin de semana; lo que se venda después del ese periodo habrá que repartirlo entre todos.  Así que aquí estamos preparadas para vender todo lo que se pueda por internet.  Lo primero que hacemos es localizar la habitación donde dormiremos esas dos noches. Es una habitación no muy grande con dos camas, entre las que hay una mesilla de noche, sobre la que hay una lámpara que me llama poderosamente la atención.  La toco con cuidado, ya que parece delicada. Tiene una pantalla que está hecha con cinco pedazos de algo como pergamino. E...

Papá está en el hospital

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 Marta acaba de recoger a Irene, la niña ha pasado un par de días con los abuelos. Cuando  Salvio sufrió un infarto que lo llevó a la Uci del hospital, Marta estaba sobrepasada de dolor. A los abuelos les vino bien quedarse con la niña, es su alegría.  Al entrar en casa, la niña corre a su habitación, aunque con sus abuelos se lo pasa muy bien, echaba de menos sus juguetes. Ya le han explicado que su papá está en el hospital. Hoy le bañará su mamá, cosa que solo hace los fines de semana, debido a su horario laboral. _ Irene, prepárate para bañarte. Le dice su madre desde la cocina.  _ ¿Preparo todo como con papá?  _ Sí, cariño. Ahora voy.  Cuando Marta entra en el baño, no entiende lo que su hija tiene preparado. Encima del inodoro hay un par de toallas, que es lo único que le encaja. En el suelo, bien colocadas encima de una pequeña toalla, Marta ve la cámara de fotos, que suelen llevar en las vacaciones y varias prendas de ropa interior suyas.  _ ¿Pa...

A cientos de millas

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 No me lo puedo creer, estoy a cientos de kilómetros, bueno de millas, que en el mar, la distancia se mide por millas. Como decía estoy a cientos de millas de mi Galicia natal. Una Galicia que solo me ha dado dolor, sufrimiento y le tengo que agradecer muy poco. Entre las pocas cosas que le tengo que agradecer una de ellas, la tengo pegada a mí. Es una preciosa niña de cuatro años que va a ser feliz. Yo quiero que sea feliz y por ella he dejado todo lo conocido.  En esa tierra dejo padres y hermanos que espero olvidar pronto. También dejo, amigos y enemigos, a los primeros me costará olvidar y a los segundos, ya ignoro su mísera existencia.  Estoy en una litera, donde mi hija apenas se puede sentar sin pegarse con el techo del camarote. A mí me parece un palacio. Huelo la libertad, el futuro sin dolor y la felicidad de mi hija.  Dejo atrás las miradas de lástima, y las espaldas vueltas. Aún me pregunto cuál fue mi pecado. Siempre llego a la misma conclusión, mi mayor...

Noche de guardia

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 Son las tres de la madrugada. Me toca trabajar de noche y la planta está tranquila. Bueno más o menos. Hace un par de horas ha ingresado un paciente que está bastante desorientado y nervioso. Es una persona mayor, y a veces cuando ingresan se desorientan.  Acabo de vislumbrar algo en el pasillo. No me lo puedo creer. Voy corriendo al control y sale la enfermera a mi encuentro. Al asomarse repara en Gelasio, que se ha levantado; desnudo en medio del pasillo. Nos acercamos a él con la intención de devolverlo a la cama. Gelasio no está por la labor, se pone un poco "chulo" y no hay manera. La enfermera va a llamar al médico y de paso a seguridad por si acaso.  Mientras tanto, no sé cómo he conseguido llevar a la habitación al "alborotador". Al final sin medicación se ha metido en la cama. A ver cuánto dura. El médico por si acaso ya ha dejado pautada algo de medicación.  Y cuando estoy llegando al control, oigo un ruido a mi espalda. ¡Otra vez! Aprovecho que está el c...

La revista

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 Kepa está jugando en la habitación de sus abuelos. Él sabe que lo tiene prohibido, pero hay tantas cosas, que su imaginación no para de inventar aventuras. Oye un ruido y corre a esconderse bajo la cama. Si se enteran, le castigarán.  El niño oye como unos pies se arrastran cansados por los años. Una mano arrugada esconde algo debajo del cojín del sillón, donde muchas veces se sienta su abuela a hacer punto. Cuando se queda solo, de nuevo, se acerca al viejo sillón y mete su mano bajo el cojín. Ya lo tiene, agarra con fuerza y tira despacio. Al tenerlo entre sus manos, lo mira y se sienta en el suelo a contemplar esa revista. No entiende nada, solamente hay personas desnudas en posturas raras. Cuando está a punto de volver a dejar la revista en su sitio, su madre entra y le ve sentado allí con el magacín entre las manos.  La madre al reconocer lo que tiene en las manos, pierde el color de la cara. Le grita que recoja sus cosas que ya hablarán en casa. Se mete la revista ...