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La ventana

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 Vivo en un cuarto piso, no es ni grande ni pequeño. Mi hija Nieves de dos años, es un terremoto con pañales. Corre por toda la casa, se sube a todo lo que está por encima de su barbilla. Ella es una niña espabilada, inquieta y muy lista. Estos días está algo más movida que de costumbre. Van a venir sus abuelos a visitarnos y cada noche al irse a dormir me hace la misma pregunta ¿mañana llegan los yayos? Y yo con mi sonrisa y paciencia infinita le digo que aún no. Ella con la frente arrugada y seria, levanta su manita con los dedos extendidos y me dice ¿faltan estos días? Y dándole un beso en la frente le respondo que no, que el día del dedo gordito ya pasó.  Ayer por fin se le gastaron los dedos y hoy es el gran día. Mis padres llegarán sobre las doce del mediodía. Nieves está entretenida con una muñeca, mientras yo ventilo la casa, abriendo todas las ventanas y voy a la terraza a tender la ropa que acabo de sacar de la lavadora.  Mientras tiendo la última de las camiset...

Paredes de papel

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 En mi casa las paredes parecen de papel, como decía mi madre. Todo se oye desde la cisterna del váter del vecino de arriba, hasta las canciones que canta mi vecina cuando hace las labores de casa.  Pero hoy se me ha puesto la carne de gallina, he oído sin querer unos gritos, y parecen de una mujer. No sé qué hacer. Comenzaron a las dos de la mañana, en principio parecían jadeos y sonidos rítmicos. Yo con mi mente algo verdusca, pensé que mi vecina estaba dándole una alegría al cuerpo. La duda llegó cuando de pronto todo quedó en silencio y se escuchaban voces de hombre. Pero no una, sino varias. Ese fue el momento en el que empecé a prestar atención a lo que sucedía al otro lado de la pared.  Unas voces masculinas hablando atropelladamente, quitándose la palabra uno al otro. No entendía lo que decían, pero hablaban en tono agresivo. La mujer, ósea mi vecina, se nota que está llorando. Uno de los hombres alza aún más la voz y consigo distinguir un "No" seco y enérgico....

La verbena inolvidable

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 Son las fiestas del pueblo y hoy vendrán mis amigos del instituto a la verbena. Estoy muy contenta, al fin verán que en los pueblos también nos sabemos divertir. Vienen cuatro Marta, Belén, Roberto y Asier. Son tan diferentes entre sí, que a veces no sé cómo salimos todos juntos. Por fin han llegado, que emoción tengo. Cuando llego donde ellos, nos damos los dos besos de rigor en las mejillas, pero falta Roberto. ¿Qué pasa no viene? Les pregunto extrañada. Si, pero ha dicho que viene en su coche, así si se agobia se puede ir cuando quiera. Me quedo conforme, Roberto es muy suyo, no es como los demás. Normalmente no habla mucho con la gente, pero con nosotros ha encajado perfectamente. _ Vamos a tomar algo, les digo a mis amigos, y les llevo hacia el bar donde están todos los jóvenes y no tan jóvenes del pueblo. Allí también están mis padres, me acerco y les presento a mis amigos. Son correctos, pero sin demasiadas muestras de cercanía; en fin ellos son así. Me fijo en la entrada d...

Últimos besos en la montaña final

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 Hoy los mayores susurran palabras que me hacen daño. Palabras como "abuela", "hospital", "ver" y algo que no entendía "última vez". A mí solo me gustaba la palabra "abuela". La abuela me daba cosas ricas que mi mamá no quería que comiese, porque decía que se me caían los dientes. Me abrazaba despacito y calentito, no me apretaba fuerte y me espachurraba, ella lo hacía con suavidad y me cantaba. Me han dicho que está malita y que quiere saludarme. Como soy pequeña, no me dejan ir a verla a la habitación del hospital, pero hoy me han prometido verla por la ventana. Así me mandará besos de viento. Ya hemos llegado, el hospital es un edificio enorme lleno de ventanas. Mi papá ha subido donde la abuela para decirle que se asome a la ventana y así nos veremos, pero yo sé que además nos mandaremos besos de viento. Esos besos mi abuela me explicó, que son besos que las personas que se quieren mucho les dan al viento y este los entrega, pero mu...

Enemigos

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¿Cómo he llegado a esta situación? Estoy en la cocina de una casa casi desconocida, descalzo, medio desnudo y con frío. Mi chica, la que conocí hace unos meses ya, esa con la que tan unido me siento, está en estos momentos en la cama, dormida tranquilamente. Esta es su casa, la compartimos con un ser pequeño que le tiene totalmente obnubilada la razón y el corazón. Pero ese pequeño a mí me odia. Hace que mi vida junto a ella, cuando él está, sea una pesadilla. Yo, de verdad, lo he intentado todo para acercarme a él, para ser su amigo, pero no hay manera. Haga lo que haga se siente atacado, y así lo manifiesta siempre que tiene ocasión. Seré un monstruo, pero he deseado hasta su muerte. Y eso me hace sentirme un miserable. Por su culpa estoy encerrado en esta cocina, muerto de frío. Me he levantado a beber un vaso de agua, y sigilosamente me ha seguido, cuando le he visto casi no me ha dado tiempo a cerrar la puerta antes de que se me echase encima. Como siempre he respirado hondo, y co...

Patito feo

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La pequeña Exilia sigue sintiéndose tan fea como siempre le han dicho que es. Desde que nació la gente la mira con asco, y hasta da un rodeo para no rozarse con ella. Ella no entiende, su piel es suave, sus pies tienen ritmo y aunque se siente pesada, le gustaría poder saltar y bailar. Lo que ella daría por correr entre las flores, por ser deseada. Le gustaría que los niños corriesen para estar con ella. En cambio se ve arrastrada. Se siente sucia. Hoy su cuerpo le pesa más que otros días. Por su lado pasa un joven, que la ignora de tal forma, que ha faltado poco para que le pisase. Está anocheciendo y arrastrándose por el suelo llega, con mucho esfuerzo a un árbol. Está tan cansada que cuando llega se queda ahí y nota en su interior grandes retortijones. Al mirar su cuerpo lo nota mucho más rígido que de costumbre. La piel está tan seca, que por momentos pierde su elasticidad por completo. Pero ¿qué le está pasando? Ante sus ojos nota un velo que le impide la visión, sus oídos antes t...

Hacer pie

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 Ya está esta chavala con sus preguntas. Esas preguntas que hacen que mi mente se pierda. ¿Alguna vez te has metido en la piscina y de repente has dejado de hacer pie? Se siente una inseguridad tal, que parece como si de pronto, ya no supieses nadar. Te hundes sin remedio y si alguien no te rescata o te serenas lo suficiente para darte cuenta de que nadas desde que eras un chaval, te ahogaras sin remedio. Bien pues eso es lo que me pasa cada vez que esta chica vestida de azul me pregunta cosas "difíciles". Me acuerdo cuando empezó esta sensación. Un día se me acercó una chica, así vestida de azul, y me dijo, ¿sabes qué día es hoy? En ese momento dejé por un instante de "hacer pie" en mi piscina de realidad. Pronto me vio la cara de agobio y poniéndome su mano encima de la mía me dijo, no me extraña y no sabría que hoy es martes si mi hijo no tuviera inglés. Con esa frase me dijo todo, fue mi rescatadora oficial. Luego vinieron más días y momentos de "no hacer p...