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Enemigos

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¿Cómo he llegado a esta situación? Estoy en la cocina de una casa casi desconocida, descalzo, medio desnudo y con frío. Mi chica, la que conocí hace unos meses ya, esa con la que tan unido me siento, está en estos momentos en la cama, dormida tranquilamente. Esta es su casa, la compartimos con un ser pequeño que le tiene totalmente obnubilada la razón y el corazón. Pero ese pequeño a mí me odia. Hace que mi vida junto a ella, cuando él está, sea una pesadilla. Yo, de verdad, lo he intentado todo para acercarme a él, para ser su amigo, pero no hay manera. Haga lo que haga se siente atacado, y así lo manifiesta siempre que tiene ocasión. Seré un monstruo, pero he deseado hasta su muerte. Y eso me hace sentirme un miserable. Por su culpa estoy encerrado en esta cocina, muerto de frío. Me he levantado a beber un vaso de agua, y sigilosamente me ha seguido, cuando le he visto casi no me ha dado tiempo a cerrar la puerta antes de que se me echase encima. Como siempre he respirado hondo, y co...

Patito feo

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La pequeña Exilia sigue sintiéndose tan fea como siempre le han dicho que es. Desde que nació la gente la mira con asco, y hasta da un rodeo para no rozarse con ella. Ella no entiende, su piel es suave, sus pies tienen ritmo y aunque se siente pesada, le gustaría poder saltar y bailar. Lo que ella daría por correr entre las flores, por ser deseada. Le gustaría que los niños corriesen para estar con ella. En cambio se ve arrastrada. Se siente sucia. Hoy su cuerpo le pesa más que otros días. Por su lado pasa un joven, que la ignora de tal forma, que ha faltado poco para que le pisase. Está anocheciendo y arrastrándose por el suelo llega, con mucho esfuerzo a un árbol. Está tan cansada que cuando llega se queda ahí y nota en su interior grandes retortijones. Al mirar su cuerpo lo nota mucho más rígido que de costumbre. La piel está tan seca, que por momentos pierde su elasticidad por completo. Pero ¿qué le está pasando? Ante sus ojos nota un velo que le impide la visión, sus oídos antes t...

Hacer pie

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 Ya está esta chavala con sus preguntas. Esas preguntas que hacen que mi mente se pierda. ¿Alguna vez te has metido en la piscina y de repente has dejado de hacer pie? Se siente una inseguridad tal, que parece como si de pronto, ya no supieses nadar. Te hundes sin remedio y si alguien no te rescata o te serenas lo suficiente para darte cuenta de que nadas desde que eras un chaval, te ahogaras sin remedio. Bien pues eso es lo que me pasa cada vez que esta chica vestida de azul me pregunta cosas "difíciles". Me acuerdo cuando empezó esta sensación. Un día se me acercó una chica, así vestida de azul, y me dijo, ¿sabes qué día es hoy? En ese momento dejé por un instante de "hacer pie" en mi piscina de realidad. Pronto me vio la cara de agobio y poniéndome su mano encima de la mía me dijo, no me extraña y no sabría que hoy es martes si mi hijo no tuviera inglés. Con esa frase me dijo todo, fue mi rescatadora oficial. Luego vinieron más días y momentos de "no hacer p...

La pesadilla

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Son las dos de la mañana, algo me ha despertado. Me vuelvo en la cama y veo el sitio de mi marido vacío. En un principio me alarmo, pero enseguida recuerdo que está de viaje por trabajo. Me levanto al baño y al salir me asomo a la habitación de mi hija. En principio me vuelvo, pero de repente y volviendo rápidamente la vista hacia la cama, compruebo que está vacía. Pero ¿dónde está? Enciendo la luz de su habitación y compruebo que verdaderamente no está. Miro debajo de la cama y dentro del armario, y nada. La llamo con la voz más tranquila que me sale en ese momento. Nadie contesta. Voy a la cocina, y miro en la terraza, nada allí no está.  En mi habitación, vuelvo a mirar debajo de la cama, a mi hija de tres años le gusta meterse allí cuando jugamos al escondite. Miro dentro de mi armario, pero tampoco está. Voy a la puerta de la calle y compruebo que la llave está echada. No ha podido salir. Bien, me digo, tranquilízate, tiene que estar dentro de casa. Una niña tan pequeña no se ...

Un brazo por el hombro

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 Hoy he visto a mi compañero Luis, un brillo diferente en su mirada. Hay algo, no sé, que veo diferente en él. Es un joven alegre y trabajador, además de muy buen compañero. Si a alguien se le puede pedir algo es a él. Siempre tiene una sonrisa en la cara y nunca le he oído una crítica de nadie. Cuando te nota algo decaída, suele venir y echándote uno de sus fuertes brazos por el hombro te dice muy bajito, para que solo tú le oigas: "todo va a pasar, nada va a poder contigo chavala". Y al mirarle a la cara parece como si los problemas pesasen menos. Pero hoy, aparentemente es el mismo, pero no me ha mirado a los ojos al contarme su chiste diario. No tiene ese brillo que le caracteriza. En un momento que nos hemos quedado solos, me he acercado y poniéndole mi escuálido brazo por   encima de su robusto hombro, le he dicho muy bajito, "Todo va a pasar, nada va a poder contigo chaval". En ese momento me ha mirado, esta vez sí, a los ojos. Y de nuevo estaba ahí el Luis d...

Batalla

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 Emilio lleva ya muchos meses pateando un país dividido, cargando con un fusil que cada día le pesa más. Está cansado y cada día más triste. Ha visto atrocidades que un hombre no debería ver nunca. Ya es de noche y la tropa está nerviosa, esta mañana ha habido bajas. Uno de los jóvenes que murieron era un amigo de Emilio; un joven con grandes planes de futuro y que siempre era el alma de la fiesta. Están acurrucados en una arboleda, que no tiene mucho resguardo. Unos pequeños arbustos les separan de la vía del tren. Todo está demasiado tranquilo, y la intensa oscuridad no ayuda a que la tropa se tranquilice. De pronto Emilio oye unos pasos y pone en alerta a sus compañeros. Todos afinan el oído y notan los ruidos cada vez más cercanos. Parece que son muchos, y se oye algunas respiraciones. Incluso algún ruido indeterminado que les pone la piel de gallina. Emilio que es el que en ese momento está al mando, les indica que mantengan la calma. Pero esa presencia ya es casi palpable. Oy...

El autobús perdido y la llamada

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 Al salir de clase Aarón se lleva la desagradable sorpresa de que el autobús escolar en el que a diario vuelve a casa, ya no está. No creía que se hubiese entretenido tanto. ¿Y nadie se ha dado cuenta de que faltaba él? En ese momento piensa en su madre, menudo disgusto que va a llevar. ¿Y si va andando? Vale! Tampoco será para tanto. El pueblo donde vive no está demasiado lejos, unos diez kilómetros. Aarón respira hondo y se pone en marcha, cuando lleva media hora andando, mira el reloj y comienza a calcular que a esa hora estará llegando el autobús al pueblo. Piensa en su madre, que mirará la hora y se creerá que se ha quedado jugando con sus amigos en la plaza. Probablemente se pase por la plaza con la disculpa de comprar algo en la tienda, solo para echar un ojo y ver que ha llegado bien. Y ahí empezará su calvario, al no verlo por ninguna parte, preguntará a sus amigos y estos le contarán que no ha montado en el autobús. Aarón se empieza a agobiar, no quiere que su madre se pr...