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Unos años después

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Han pasado unos años y los recuerdos se diluyen. Volviendo la vista hacia no tanto tiempo atrás, aún no lo puedo creer. No sé sí es una película que vi hace unos años o realmente lo viví.   A mi memoria llega la incertidumbre de si aquel anuncio del presidente del Gobierno era real o parte de un montaje.   Tras el aterrizaje a la cruel realidad vinieron momentos duros, muy duros. Vino el primer aplauso de las diez de la noche. Sí, al principio era a las 22:00 h. La congoja incontrolable qué me entró… Luego todo fue diferente. No por ello menos emotivo. El aplauso pasó a ser una quedada, una cita diaria para hablar con el vecino de la ventana de al lado, de paso comprobar que no faltaba ninguno.   Los afortunados que podían salir de casa era para ir a trabajar y jugársela. Tanto si eras cajera del súper, o repartidor de paquetería o personal sanitario.   De eso han pasado cuatro años. ¿Y ahora qué? La sensación es que ahora nada, todo sigue igual. ...

En el caserio

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 La noche es fría en el caserío, aunque ya no siento esa penetrante puñalada que solo se calmaba con su cuerpo desnudo a mi lado. Han pasado tantas cosas que ignoras, aun no teniendo la culpa me siento sucia.  El día que te fuiste mi vida comenzó a arder en el infierno. El tándem que tu padre y tu hermano forman fue demoledor.  Regresaste, sí, pero tan ignorante de todo lo sucedido, tan inocente y tan escaso tiempo que no sé cómo explicarte mi cambio. No, no estoy enfadada por tu ausencia obligada por un gobierno empeñado en formar jóvenes para la guerra. Mi carácter agrio se debe al trato que me regalaron esos con los que reías en la mesa.  El padre que yo tomé como propio me sacó de su casa, si quería seguir aquí podía compartir cama con Pecas, la bonita y buena perrita que cuidaba el hogar. Si eso le parecía un sitio incómodo me propuso ir a dormir al establo, Bastante más caliente al compartirlo con un par de vacas y varias ovejas. No me lo podía creer, sin embar...

El tiempo

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  Ese amigo fugaz que nunca viene y siempre se va. Así definía mi abuelo al tiempo. No hace mucho, no le entendía, en cambio, ahora…  ¡Qué barbaridad! Cuando somos pequeños el tiempo es lento y hasta un enemigo a vencer. ¡Cómo cambia todo al hacernos adultos!  Ese amigo fugaz del que hablaba mi abuelo, nos pone gafas invisibles. La vida se ve de otra manera, cuanto más corre el tiempo, más pausado se ve todo. Te paras a pensar y descubres que tienes más tiempo detrás que delante, ese es el momento en el que maduras y comienzas a vivir de verdad. Es como cuando quedan pocos bombones en la caja y son los últimos los que más saboreas.  Aunque esto cambia cuando un día descubres que alguna vez la caja de bombones se queda por la mitad, no da tiempo a terminarla. Ahí comienzas a disfrutar de cada bombón mirando de reojo la caja. Queden los que queden, están todos buenísimos, aunque tengan diferentes sabores. 

Fuegos artificiales

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 En mi paseo matutino, me suelo parar a descansar en un banco que hay pegado al patio de un colegio. Está tan cerca que el parloteo de los pequeños llega con claridad a mis oídos. Es muy interesante, y en ocasiones divertido, escuchar las conversaciones de los escolares. Hablan de sus cosas, de profesores o de otros niños, otras veces comentan alguna película o programa de televisión y alguna vez comentan sus cosillas como el martes pasado.  Al poco de sentarme oigo las vocecillas de dos críos. —¿Por qué no te gustan los aviones? —Le dice al que se había agachado tapándose los oídos al paso de un avión. —Son malos.  Muchas veces hacen fuegos artificiales. —Responde el segundo. —Pero los fuegos artificiales son chulísimos. ¿A ti no te gustan? —No, no, son horribles. Los fuegos artificiales de los aviones en mi país hacían mucho ruido y temblaba el suelo. Mi mamá y mis hermanos nos agachábamos y nos escondíamos debajo de la mesa o de la cama hasta que acababan. —Explica el ...

Desilusión

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 Se fueron, la ilusión y las ganas, a pasear por el camino de la decepción. El lugar donde paso tantas horas me tiene desencantada. Recuerdo el primer día en aquel pasillo, la emoción hacía que me temblara hasta la voz. Mi uniforme consistía en casaca, pantalón y una sonrisa, que ya traía puesta de casa.  Los nervios por hacer todo bien, por aprender, por los compañeros, que nadie me tome por vaga y por no fiarme de mi memoria, provocaron más de una contractura y una libreta llena de apuntes. Esos primeros nervios pasaron, pero la alegría de hacer lo que me gusta, no. ¿En qué momento eso cambió? ¿Quién apuñaló mis ganas? ¿Por qué no le puse una armadura más resistente a aquellas sensaciones?  Todo aquello que me llenaba de alegría, ahora lo realizo con la profesionalidad que puedo, pero sin ilusión, ni ganas. El vacío lo inunda todo. Ni los encuentros con las compañeras me motivan. Quizá sean los años. Tal vez la desidia que se respira en el ambiente. No quiero rendirme, ...

Story time

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 Os voy a contar mi rutina cuando trabajo de mañana, o como los jóvenes lo llaman ahora, la story time de mi mañana. Me despierto con la radio. Pego el brinco correspondiente al arrebatarte de los brazos de Morfeo con un “la temperatura actual es de 4º y se prevé no supere los 10º…” En fin, con ese panorama retiro con suavidad las mantas, como para no asustar al calorcito que me ha acompañado toda la noche. Es igual, el aguijón del frío me espabila de golpe. Voy corriendo al baño, no sin antes calcular la posición de los muebles de la habitación, para que el dedo meñique de mi pie no salga malogrado en el camino. En el tiempo que tardo en expulsar de mi cuerpo la orina acumulada durante la noche, un calefactor templa el habitáculo. Eso permite darme una ducha sin que me castañeteen los dientes. Meto una mano para comprobar la temperatura del agua y tras verificar qué es la adecuada, entro en la ducha. Me enjabono las axilas a conciencia y los bajos, por delante y por detrás. Ahí i...

El repartidor de pizza

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 De lejos, solo son una pareja de jóvenes enamorados, pero de cerca, son una jovencísima chica enamorada y un chico con un duelo en el corazón. La abraza sabiendo que le va a romper por dentro, que mañana le odiará. Aunque no le queda más remedio que hacerlo. Ella se aferra a su cuerpo como un náufrago a su salvavidas. Es su único consuelo en este país. Él es el amor de su vida. Una vida fácil, vista desde fuera, aunque la presión que siente de su padre le resulta asfixiante. Su padre es el hombre que más ama en este mundo, salvo ahora que ese amor también lo recibe Lisímaco. El tiempo que puede estar con su padre es lo que llaman tiempo de calidad, si bien, es muy escaso. Es un empresario con grandes responsabilidades. Últimamente, le apremia para que estudie y termine la carrera lo antes posible. Para ello la envió a estudiar a Barcelona, muy lejos de su Perú natal.   Al separarse, el joven sube a su moto y se aleja roto por dentro, ¿por qué a ella? El dolor que le va a...