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El embarazo

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Las gotas golpean el cristal mientras en la silla de ruedas la anciana absorta en sus recuerdos, mueve las agujas de tejer con la ligereza que sus años le dejan. Está tejiendo un nuevo jersey para su pequeño bisnieto, aún no nato. Ese niño sin saberlo ni pretenderlo ha revolucionado toda la familia. El embarazo de su nieta, una niña que ya no era tan niña.  La noticia cayó en la familia como un meteorito en medio de la capital de Japón. Todo eran gritos y manos volando sin llegar a puerto. La pequeña estaba embarazada. La inocente Irene, la niña pequeña de la familia. ¿Cómo ha podido ocurrir? Irene tiene la cara roja de vergüenza y de rabia. Ella sabe bien que lo que le ha sucedido no es normal. ¿Cómo explicarlo?  Ella jugaba y nada más. El día en el que el juego le dolió se negó a seguir. Ese día el juego terminó, pero no pasaron muchos días sin que el jugador regresase. Ya no era divertido. A ella ese juego ya no le gustaba, aunque sí quería lo que a cambio recibía. Nunca ha...

El Don

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 Soy una persona especial, y no lo digo con falsa modestia. Desde pequeño descubrí un Don en mí. Ese Don me ha dado más de un disgusto y algunas satisfacciones. El primer disgusto y grande, fue siendo muy niño. Al tomar la mano de mi abuela sentí un hormigueo por el cuerpo y con la inocencia de un pequeño de apenas cuatro años le pregunté a mi abuela que donde estaba el bebé. ¿Dónde lo había dejado? Mi abuela me soltó como si quemase y me miró con unos ojos que destellaban algo que entonces no supe descifrar, pero que con el tiempo aprendí que era dolor, enfado y sorpresa, a un tiempo. La abuela nunca más me tomó de la mano, es más, intentaba evitar tocarme. Mi madre no le daba importancia, lo tomaba más como algo producto de mi imaginación. Era extraño, pero tocase a quien tocase inmediatamente sabía cosas de su pasado. Siempre es del pasado y nunca tengo visiones del futuro. He aprendido a callar lo que sabía. Casi siempre me traía problemas exteriorizar “mis visiones”, por llama...

Corazón vendido

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 En el rincón oscuro y frío se encoge un cuerpo magullado. La piel marcada por innumerables heridas, ya no recuerda que es el dolor. El dolor verdadero sabe de verdad cuál es, aquel que le infligieron cuando su corazón aún era capaz de amar. El amor inocente de la que acaba de florecer. De la mano de aquel que siempre la protegió y escoltada por el que compartió sus juegos llega a una puerta grande y pesada. Esa entrada al infierno, es custodiada por un hombre con un solo ojo. Aquella mano le toma del brazo haciéndole saber lo dura que su vida se va a volver. Las lágrimas empañan los ojos de la joven que solo pide un minuto. Se acerca al hermano cuyo rostro mojado tan bien conoce, posando sus labios en la pequeña mancha con forma de paloma que luce en la sien derecha, se despide con el amor asesinado. Sus ojos hinchados ya no tienen lágrimas. Aquella primera vez que se atrevió a negarse a destapar su torso, fue la que marcó el inicio del que sería el resto de su vida.  Alarga ...

El robo

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El sonido de las olas que juegan con la arena la tiene hipnotizada. Es el sonido más relajante que hay. Algo interrumpe esa relajación, es una música estridente, levanta la cabeza para identificar el origen, pero no ve a nadie. El molesto tono sigue cada vez más alto, lo que hace que despierte, dándose cuenta de que es su teléfono móvil.  Como puede manotea encima de la mesilla hasta que atrapa el aparato. Con dificultad distingue el nombre del llamante en la pantalla. Descuelga. _¡Es horrible! No hay nada, se han llevado todo._ Es lo primero que oye la somnolienta Claudia. Lo que hace que se espabile de golpe. Esa voz tan querida como, en estos momentos, asustada. _ Nohaynadanisiquieralosmuebleshandejado. _ Abuela tranquilízate y habla más despacio que no te estoy entendiendo nada _. Le dice incorporándose en la cama. _ Hija, lo que oyes que no han dejado ni los muebles.  _ Abuela ¿Tú estás bien?, cuéntame qué ha pasado mientras voy hacia tu casa. _ Esta mañana he bajado a po...

El tunel

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 En el coche van calientes, a pesar de que en el exterior está nevando. Caen copos de algodón que al besar la tierra van formando una manta blanca. La velocidad es lenta, pero las risas son rápidas. El ambiente dentro del coche es cálido y los ocupantes van con un ánimo jovial.  El túnel está próximo, a Nuria le angustian los túneles, aunque esta vez no tiene alternativa.   Su piel aún recuerda el túnel que provocó su fobia. Cierra los ojos. Se retrotrae a aquel preciso momento. Dos amigas con más ganas de experiencias que años. Solo había que atravesar el estrecho túnel por el que antiguamente circulaba el tren. En la actualidad solo servía para atajar el camino entre los dos pueblos. Estaba empezando a oscurecer, pero iban las dos chicas juntas, las risas resonaban en las paredes en el momento que unas toses detrás de ellas se las robaron. El silencio se palpaba en la oscuridad, hasta que la cara de un chico del otro pueblo se iluminó a la luz del mechero con el qu...

La ayuda

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 A la hora en que las sombras invaden los rincones se ve una silueta renqueante avanzar con decisión. Dos hombres vestidos de oscuro lo observan, uno de ellos lo mira con desprecio y le llega a increpar su presencia allí. El más alto le recrimina su inquina hacia el cojo del pueblo. _ Lástima que ese desgraciado solo perdiera la gracia al andar. _ ¿Qué dices bruto? Ni que tú fueses el causante de la paliza que le dejó no solo cojo, sino tuerto también. _ La intención era ver que tenía dentro de la cabeza. En fin, ahora las mujeres no le miran tanto como a él le gustaba. _ De verdad, que eso me parece una crueldad tremenda. Darle tal paliza solo por el hecho de que era un hombre apuesto. La mirada de su amigo le taladró y el gesto de hastío que le regaló le dijo más que las mil palabras que tenía para regalarle. _ Menos mal que te tengo como aliado y amigo, a veces me das miedo. _ ¡Venga! Vamos a lo nuestro. Esta es la dichosa medicina que te tomarás con la cena. _ ¿No crees que deb...

La llamada comercial

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 Hoy toca encuentro social, así es como mi amigo Epigmenio y yo llamamos al pincho pote de los jueves. Es un rato en el que con la excusa de que con el vino nos ponen un pincho gratis, quedamos y charlamos de todo un poco. ¡Vaya, que arreglamos el mundo! Después del primer vino, al salir del bar noto como algo vibra en mi bolsillo. Introduzco la mano y saco el teléfono para comprobar que es un número desconocido. Al tocar la pantalla con la intención de colgar, no acierto y descuelgo. Con fastidio me llevo el móvil a la oreja. _ No, señorita, no me interesa. Gracias, pero no. _ Cuelgo mirando a mi Amigo, y resoplando y con cara de hastío. _ ¿Qué te pasa? ¿No serán los de Poptel? A mí me tienen harto, últimamente he conseguido que ellos corten la comunicación. _ ¿En serio? Mira que es difícil dejarlos sin palabras. Me fastidia ese grosero y maleducado colgándoles y dejándoles con la palabra en la boca. Cuéntame el secreto. _ Le rogué a mi amigo mientras un nuevo sonido salía de mi t...