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El tunel

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 En el coche van calientes, a pesar de que en el exterior está nevando. Caen copos de algodón que al besar la tierra van formando una manta blanca. La velocidad es lenta, pero las risas son rápidas. El ambiente dentro del coche es cálido y los ocupantes van con un ánimo jovial.  El túnel está próximo, a Nuria le angustian los túneles, aunque esta vez no tiene alternativa.   Su piel aún recuerda el túnel que provocó su fobia. Cierra los ojos. Se retrotrae a aquel preciso momento. Dos amigas con más ganas de experiencias que años. Solo había que atravesar el estrecho túnel por el que antiguamente circulaba el tren. En la actualidad solo servía para atajar el camino entre los dos pueblos. Estaba empezando a oscurecer, pero iban las dos chicas juntas, las risas resonaban en las paredes en el momento que unas toses detrás de ellas se las robaron. El silencio se palpaba en la oscuridad, hasta que la cara de un chico del otro pueblo se iluminó a la luz del mechero con el qu...

La ayuda

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 A la hora en que las sombras invaden los rincones se ve una silueta renqueante avanzar con decisión. Dos hombres vestidos de oscuro lo observan, uno de ellos lo mira con desprecio y le llega a increpar su presencia allí. El más alto le recrimina su inquina hacia el cojo del pueblo. _ Lástima que ese desgraciado solo perdiera la gracia al andar. _ ¿Qué dices bruto? Ni que tú fueses el causante de la paliza que le dejó no solo cojo, sino tuerto también. _ La intención era ver que tenía dentro de la cabeza. En fin, ahora las mujeres no le miran tanto como a él le gustaba. _ De verdad, que eso me parece una crueldad tremenda. Darle tal paliza solo por el hecho de que era un hombre apuesto. La mirada de su amigo le taladró y el gesto de hastío que le regaló le dijo más que las mil palabras que tenía para regalarle. _ Menos mal que te tengo como aliado y amigo, a veces me das miedo. _ ¡Venga! Vamos a lo nuestro. Esta es la dichosa medicina que te tomarás con la cena. _ ¿No crees que deb...

La llamada comercial

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 Hoy toca encuentro social, así es como mi amigo Epigmenio y yo llamamos al pincho pote de los jueves. Es un rato en el que con la excusa de que con el vino nos ponen un pincho gratis, quedamos y charlamos de todo un poco. ¡Vaya, que arreglamos el mundo! Después del primer vino, al salir del bar noto como algo vibra en mi bolsillo. Introduzco la mano y saco el teléfono para comprobar que es un número desconocido. Al tocar la pantalla con la intención de colgar, no acierto y descuelgo. Con fastidio me llevo el móvil a la oreja. _ No, señorita, no me interesa. Gracias, pero no. _ Cuelgo mirando a mi Amigo, y resoplando y con cara de hastío. _ ¿Qué te pasa? ¿No serán los de Poptel? A mí me tienen harto, últimamente he conseguido que ellos corten la comunicación. _ ¿En serio? Mira que es difícil dejarlos sin palabras. Me fastidia ese grosero y maleducado colgándoles y dejándoles con la palabra en la boca. Cuéntame el secreto. _ Le rogué a mi amigo mientras un nuevo sonido salía de mi t...

Abuelos analfabetos

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 Jacinto no deja de refunfuñar, de protestar y junto con su hermana me están dando la semana de vacaciones en casa de mis padres. Se quejan continuamente de que la tele está demasiado alta, de que les achuchan en cuanto se descuidan y algo que les da mucha rabia es que la información meteorológica sea tan importante para ellos.  "Fuertes vientos entran por el pirineo y traerán lluvias a la vertiente cantábrica…” _ ¿Ves Antonio? En el pirineo hace viento, así que en Ávila y Palencia va a llover. _ Grita la abuela por encima del sonido del televisor.  Jacinto intenta reprimir la risa, su hermana no lo consigue.  _ Estos abuelos son unos ignorantes, no tienen ni idea de geografía y ni se enteran de lo que oyen.  A la vez que me puse de pie la silla se cayó, provocando un silencio que solo rompía el noticiero.  _ Vosotros dos acompañarme un momento. Les ordené con mi mirada severa que pocas veces veían. _ Tú, Jacinto, ven a la cocina, hoy nos harás tú la comida...

Deporte musical

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 Ya está otra vez ahí. Siempre que vengo al pueblo le veo pasar, con su chándal azul y con sus cascos en las orejas, qué tan de moda se han puesto. Su cadencia al correr es hipnótica. Dejo de mirar por la ventana para centrarme en elegir la ropa que hoy llevaré a la verbena. Voy con mi prima y sus amigos. Aún no conozco a muchos de los jóvenes del pueblo. Suelo venir más en invierno, más concretamente para la fiesta de Todos los Santos. Ese día acompaño al cementerio a mi madre. Bueno, en realidad la acompaño al pueblo y a la puerta del cementerio. Seré rara, pero no me gustan los campos Santos, me da “yu-yu” entrar. Durante el año también venimos algún fin de semana. Este año mi madre ha decidido pasar unos días del verano aquí, y mi prima me ha invitado a salir con ella y sus amigos. La muy descarada me ha dicho que lo mismo ligo en el baile, y me vengo a vivir al pueblo. Salgo de casa despidiéndome de mi madre, que no para de darme consejos. Que si cuidado con los chicos del pue...

Y el cielo está nublado

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 El niño, cabizbajo se sienta a comer su bocadillo sentado en el último escalón. _ Afrodísio ¿qué te pasa? ¿A qué viene esa cara? _ No quiero ir al colegio. Hoy un niño me ha llamado gordo. _ La verdad es que yo también estoy hecho polvo. _ Le contesta el abuelo sentándose a su lado con cara de afligido. El niño le mira con ojos interrogantes, ya que su abuelo es un hombre vital y risueño.  _ Abuelo, ¿qué te ha pasado? _ Pregunta preocupado, olvidándose de su aflicción. _ Tu madre me ha dicho que hoy está nublado y a mí me gustan los días azules. _ ¡Abuelo! Pero es que hoy está nublado.  Si miras por la ventana lo verás.  _ Ya, pero tu madre es cruel, me hace daño que me diga eso. _ No entiendo por qué te hace daño que te diga cómo está el día. Está nublado y ya. Esa es la realidad. No tienes que molestarte con mamá porque te diga la verdad. Y mucho menos ponerte triste. El cielo está nublado y gris. El abuelo le mira por el rabillo del ojo y casi susurrando, le preg...

Lavar en el río

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 Sin que me oigan, con gran sigilo, entro en la despensa y con cuidado me llevo ese maravilloso artefacto que mi madre usa para lavar. Salgo de la casa sin que me vean y con gran dificultad acarreo todo lo necesario para hacer la colada. Hoy, por fin, lavaré la ropa de Mariquita. Desde que me la regalaron los Reyes no le he hecho ninguna limpieza. En la orilla del río, deposito en el suelo la tabla de madera que mi madre emplea siempre para hacer la colada. Es curioso, esta tabla tiene una parte con bultitos, así como si fuese una huerta pequeñita llena de surcos. Encima se enjabona la ropa para seguidamente restregarla con brío sobre la superficie ondulada. Mariquita queda desnuda en un santiamén y con cuidado dispongo la tabla al borde del río. Poco a poco voy metiendo las prendas en el agua, las enjabono con un trocito de jabón. Este jabón lo hace mi madre y mi abuela con el aceite usado y con sosa. A mí no me dejan participar en la elaboración porque dicen que la sosa es peligr...