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Escribiendo a diario

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 Llevo trabajando en esta casa casi un año. Me costó encontrar el trabajo, pero estoy encantada. Trabajo como interna en una casa cuidando y atendiendo a dos personas mayores. Es un matrimonio que llevan casados sesenta años. Javier es autónomo para todo, solo a veces necesita alguna ayuda en la ducha. Le gusta cocinar, así que la mayoría de los días él hace la comida, de la cena me suelo encargar yo, a esa hora aparte de estar cansado hay un programa en la tele que le gusta.  Columba, que así se llama la mujer, necesita mucha ayuda, tanto para asearse como para desplazarse, y necesita una silla de ruedas en todo momento.   Todos los días después del aseo la llevo a la cocina donde desayuna charlando con Javier. Nunca les falta conversación. Cuando termino de hacer sus habitaciones, a ella la llevo al salón, donde la dejo delante de una mesa. Allí siempre hay sobres y folios, también varios bolígrafos.  La dejo escribiendo alguna carta. Me resulta curioso que si...

Diferentes amigos

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 Tengo unos cuantos amigos, todos diferentes, tanto en profesiones como en personalidad y que por supuesto, con muy diferentes reacciones ante la misma cuestión. ¿Qué significa esto? Que cada uno ante una misma situación reacciona muy diferente. Eso también incluye, que cada uno cuenta la misma situación desde su personalidad.  En Navidad, hacemos el amigo invisible, para todos recibir regalos, pero solo regalar a una persona. Este año lo preparé yo. Puse una mesa en una habitación y cada uno entraba cogía su regalo y lo habría delante de todos.  En mi cabeza imagino a todos mis amigos narrando el momento en que coge el regalo y lo abre.  Mi amigo el cura:  _ Me persigné antes de entrar. Vi un montón de regalos y di gracias a Dios, porque todos podamos tener regalos. Tomé el que ponía mi nombre. Cuando me tocó abrirlo, me puse algo nervioso. Dentro del paquete había una camisa preciosa. ¡Mirar! Me la pondré el domingo cuando vaya a ver a mi madre después de misa...

En la ducha

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 Siento como el agua recorre mi cuerpo. Bajo los ojos y veo como mis pies están manchados de rojo. Recuerdo las veces que el desagüe ha tragado mi sangre. Pasando la suave esponja por mi pecho, observo mi piel amoratada. Siempre vestida con manga larga, para que nadie me pregunte por las marcas rojas que continuamente adornan mis brazos. Vuelvo mis ojos de nuevo al suelo y cada vez se ve más diluido el fluido rojo que tan acostumbrada estoy a ver. Subo un poco la mirada y veo mis piernas con partes amoratadas que me recuerdan esas patadas que me dio el día que se quemó al tomar la sopa. Por supuesto fue culpa mía, la había calentado demasiado; como culpa mía ha sido que su camisa tuviese una arruga en la manga.  Su camisa blanca, la que tiene una fina franja azul en el cuello. Hoy me la ha pedido, y al cogerla me ha gritado que estaba arrugada. Como siempre, he bajado la vista y me he dado la vuelta para ir al cuarto de la plancha para repasar la camisa. En ese momento, él con...

Las nuevas tecnologías

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 De verdad que no entiendo a los jóvenes de hoy en día. Están todo el día pegados al móvil. Da igual donde estén, en el autobús, la sala de espera del médico, en la estación del tren, da igual siempre mirando una pantalla sin pensar.  Eso es lo que siempre decía hasta que subí al autobús e hice ese comentario, y mi sabia mujer me abrió los ojos.  _ ¡Mira Alcidio! Ellos no son tan diferente a nosotros hace unos años, o incluso en estos momentos. Tú solo ves que van mirando sus teléfonos móviles o que van con los cascos puestos, pero ¿sabes realmente que van mirando? _ ¿Qué se parecen a nosotros? Yo cuando era joven si me subía a un autobús, estaba atento por si alguna persona mayor necesitaba sentarse.  _ Tú cuando eras joven, no ibas nunca en autobús. Y no vengas con milongas, que si alguien quiere cederte el asiento, te niegas en redondo diciendo que estás bien de pie. Tu orgullo no te deja sentarte.  _ Bueno eso es otra cosa. Pero la mayoría de las veces ni se...

El novio y la Cirila

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 Hace muy poco que me compré coche. Es viejo, pero para mí es como si fuese el más elegante del mundo. ¡Me ha costado tanto conseguirlo! Es de color amarillo y su techo es de lona. Le hace falta una limpieza y unos retoques, entre ellos echarle un poco de aceite, ya que hay una luz, que según mi padre es un marcador del aceite, y está encendida.  He quedado con él para que me eche una mano, y voy a la finca que tenemos a las afueras de la ciudad. Allí mi padre tiene una huerta y una pequeña casita. Es donde pretendo poner a punto mi "Cirila" que así es como en la familia llamamos a mi coche.  Estoy un poco nerviosa porque hoy también les contaré que estoy saliendo con Glicerio.  Llego a la finca a las tres de la tarde, y mi madre ya está de los nervios porque se enfría el arroz. Durante la comida, que por cierto, el arroz está riquísimo, dejo caer como de pasada que estoy saliendo con un chico. Trifón, mi padre, me somete poco menos que al tercer grado. ¿De dónde es?...

Pancho

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 Estaba en la cocina haciendo la comida del día siguiente, y pensando que poner para cenar esa noche. Mi vida era algo caótica. Mi marido hace unos meses que me ha dejado, ya hemos empezado los trámites del divorcio. Siempre dicen que las madres tienen ventajas, que los hijos casi siempre se quedan con la madre, que eso es injusto para el padre. Lo injusto es que el padre pueda rehacer su vida sin que una pequeña le condicione. Él solo quiere visitas algún fin de semana y el mes que corresponda en verano, nada más. Según él no sabría cómo cuidarla. Mi hija tiene tres años, ya no es tan pequeña como para requerir unos cuidados extremos. En fin, la cuido y la amo con toda mi alma, aunque a veces me agote. Es una niña movida, que le gusta jugar, correr, saltar, cantar y por supuesto hablar. No calla, y si está callada malo algo está tramando.  Le gusta jugar con Pancho, un osito de peluche. Le gusta vestirlo con su ropa, ponerle los zapatos de cuando era más pequeña y hasta bañar...

Víspera de Todos los Santos

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Amanece la víspera del día de Todos los Santos. Tengo que llevar las ovejas a Mendiagur, el pueblo donde pasarán el invierno. Allí tengo una borda. Ya hace demasiado frío para que pasen la noche al raso. Mi perro Lagun me ayuda a reunirlas y los dos nos encaminamos hacia el pueblo. Nos separan unos ocho kilómetros. Por el camino me encuentro con Crisantos, el marido de Paca, me invita a unos tragos de su fiel amiga la bota de vino. Charlamos un rato y me cuenta que Ramón está fatal, le ha dejado su mujer. Si, esa que se trajo de Cuba. Cuando le dejo para seguir mi camino no me quito de la cabeza a Ramón. Hace muchos años que somos amigos, yo fui de los primeros en saber que iba a Cuba. Él me dijo que solo quería pasarlo bien, pero aquí apareció unos meses después ya casado con una chica tostadita y culona. Federica Alejandra se llama. Una mujer que derrocha simpatía y alegría con quien tenga a bien dedicarle su tiempo. Voy tan ensimismado en mis pensamientos que casi choco con mi amigo...