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El novio y la Cirila

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 Hace muy poco que me compré coche. Es viejo, pero para mí es como si fuese el más elegante del mundo. ¡Me ha costado tanto conseguirlo! Es de color amarillo y su techo es de lona. Le hace falta una limpieza y unos retoques, entre ellos echarle un poco de aceite, ya que hay una luz, que según mi padre es un marcador del aceite, y está encendida.  He quedado con él para que me eche una mano, y voy a la finca que tenemos a las afueras de la ciudad. Allí mi padre tiene una huerta y una pequeña casita. Es donde pretendo poner a punto mi "Cirila" que así es como en la familia llamamos a mi coche.  Estoy un poco nerviosa porque hoy también les contaré que estoy saliendo con Glicerio.  Llego a la finca a las tres de la tarde, y mi madre ya está de los nervios porque se enfría el arroz. Durante la comida, que por cierto, el arroz está riquísimo, dejo caer como de pasada que estoy saliendo con un chico. Trifón, mi padre, me somete poco menos que al tercer grado. ¿De dónde es?...

Pancho

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 Estaba en la cocina haciendo la comida del día siguiente, y pensando que poner para cenar esa noche. Mi vida era algo caótica. Mi marido hace unos meses que me ha dejado, ya hemos empezado los trámites del divorcio. Siempre dicen que las madres tienen ventajas, que los hijos casi siempre se quedan con la madre, que eso es injusto para el padre. Lo injusto es que el padre pueda rehacer su vida sin que una pequeña le condicione. Él solo quiere visitas algún fin de semana y el mes que corresponda en verano, nada más. Según él no sabría cómo cuidarla. Mi hija tiene tres años, ya no es tan pequeña como para requerir unos cuidados extremos. En fin, la cuido y la amo con toda mi alma, aunque a veces me agote. Es una niña movida, que le gusta jugar, correr, saltar, cantar y por supuesto hablar. No calla, y si está callada malo algo está tramando.  Le gusta jugar con Pancho, un osito de peluche. Le gusta vestirlo con su ropa, ponerle los zapatos de cuando era más pequeña y hasta bañar...

Víspera de Todos los Santos

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Amanece la víspera del día de Todos los Santos. Tengo que llevar las ovejas a Mendiagur, el pueblo donde pasarán el invierno. Allí tengo una borda. Ya hace demasiado frío para que pasen la noche al raso. Mi perro Lagun me ayuda a reunirlas y los dos nos encaminamos hacia el pueblo. Nos separan unos ocho kilómetros. Por el camino me encuentro con Crisantos, el marido de Paca, me invita a unos tragos de su fiel amiga la bota de vino. Charlamos un rato y me cuenta que Ramón está fatal, le ha dejado su mujer. Si, esa que se trajo de Cuba. Cuando le dejo para seguir mi camino no me quito de la cabeza a Ramón. Hace muchos años que somos amigos, yo fui de los primeros en saber que iba a Cuba. Él me dijo que solo quería pasarlo bien, pero aquí apareció unos meses después ya casado con una chica tostadita y culona. Federica Alejandra se llama. Una mujer que derrocha simpatía y alegría con quien tenga a bien dedicarle su tiempo. Voy tan ensimismado en mis pensamientos que casi choco con mi amigo...

Querido padre

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 Recuerdo aquel día como un tortazo inesperado en la cara. Tenía doce años. Mis amigas y yo por primera vez íbamos solas a la playa. Hasta ahora siempre nos acompañaba alguna de las madres o varias de ellas. También alguna vez nos acompañó algún padre, pero eran las menos. Nos lo estábamos pasando muy bien, las risas con mis locas amigas estaban aseguradas. Fuimos a comprar un helado y después de volver loco al chico que nos lo vendía, yo me di la vuelta y al levantar los ojos del helado verde fosforito que me había pedido, vi lo que cambiaría mi vida para siempre. Una pareja de "maduritos", dándose un beso en la boca, riendo y haciéndose carantoñas. Nada raro o escandaloso, si no fuera porque el hombre era mi padre. Al reconocerlo me agaché por instinto, no quería que él me viese a mí. Comencé a sentirme mal, el estómago se me encogió y tiré el helado que tanto tiempo me había costado elegir. Mis amigas no entendían y a mí no me apetecía explicarles nada. Las dejé allí con u...

Vacaciones de lujo

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 No hace mucho que he conocido a esta mujer, me tiene embelesado. Es la única persona que ha conseguido que deje las ovejas y las gallinas a cargo de un vecino. Son mis primeras vacaciones en mi medio siglo de vida.  Ayer llegamos a Granada, nos alojamos en un hotel de esos superlujosos. Yo la verdad en la puerta me hubiese dado la vuelta para buscar algo más normal, pero Aidea ha insistido en que la reserva ya estaba hecha.  Lo primero que me ha llamado la atención es el gran salón, donde no se veía el mostrador de recepción. Al fin lo vemos en un rincón adornado lujosamente con varios ramos de flores (que si los pillan mis ovejas se dan un banquete).  Entre las flores asoma la cabeza un chico elegantemente vestido que muy educado nos pide los carnés. Por el rabillo del ojo veo a un joven trajeado que va a coger nuestras maletas, con la rapidez que me ha dado saber quitarle la pieza de caza de las fauces a un perro, le doy un manotazo y le miro con ojos de asesino. ...

Amigos inseparables

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 Serviliana según volvía del mercado, en la orilla del camino le llama la atención un pequeño e indefenso ser. Acercándose a él para comprobar si vivía, el frágil animal le mira a los ojos y a la mujer se le ablandan las entrañas. Con mucho cuidado y pensando en su hija pequeña lo mete en la cesta, junto a las cebollas.  Al llegar a casa se acerca a un armario de donde saca una caja de zapatos y vaciando su contenido le hace unos cuantos agujeros y allí mete la sorpresa para su hija. Germelina se pondrá contenta, piensa mientras pone la caja encima de la mesilla de la niña.  Esa tarde cuando Germelina, a la que todos llamaban Lina, llega a casa conoce al que será su mejor amigo durante mucho tiempo.  La niña al destapar la caja y ver esos ojitos vivarachos mirándola, se emociona y metiendo sus pequeñas manos en el recipiente coge al patito, que pareciendo reconocerla se tranquiliza al instante.  Desde ese día Roky y Lina irían juntos a todas partes. El patito ib...

Un tranquilo paseo

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 Hoy me llevo a mi sobrino a pasar la tarde al campo. No sé si sabré entretenerlo, los niños son muy activos y yo ya tengo mis años. Recojo a Adrián en casa de mi hermana. Montados en bici y con sendas mochilas a la espalda, nos ponemos en marcha. Hacía años que no montaba en bici. De repente doy un giro brusco a la vez que aprieto el freno de la rueda trasera y el derrape no se hace esperar. Adrián me mira asustado. Yo no puedo evitar la risa, me sale sola. El niño con cara de pasmo me pregunta si estoy bien. Y yo le sugiero que haga derrapes, que es divertido.  _ Tía, me puedo caer. Me responde muy serio. Se monta de nuevo en la bici y sigue adelante. Yo intento adelantarle, pero se detiene para que pase. Seguimos, y cuando veo una pequeña cuesta acelero con la intención de hacer un pequeño salto. Me lo estoy pasando genial. Miro a Adrián y le veo con los ojos como platos y moviendo la cabeza de lado a lado, con expresión de desesperación en la cara. Yo continuo haciendo cab...