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Deporte musical

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 Ya está otra vez ahí. Siempre que vengo al pueblo le veo pasar, con su chándal azul y con sus cascos en las orejas, qué tan de moda se han puesto. Su cadencia al correr es hipnótica. Dejo de mirar por la ventana para centrarme en elegir la ropa que hoy llevaré a la verbena. Voy con mi prima y sus amigos. Aún no conozco a muchos de los jóvenes del pueblo. Suelo venir más en invierno, más concretamente para la fiesta de Todos los Santos. Ese día acompaño al cementerio a mi madre. Bueno, en realidad la acompaño al pueblo y a la puerta del cementerio. Seré rara, pero no me gustan los campos Santos, me da “yu-yu” entrar. Durante el año también venimos algún fin de semana. Este año mi madre ha decidido pasar unos días del verano aquí, y mi prima me ha invitado a salir con ella y sus amigos. La muy descarada me ha dicho que lo mismo ligo en el baile, y me vengo a vivir al pueblo. Salgo de casa despidiéndome de mi madre, que no para de darme consejos. Que si cuidado con los chicos del pue...

Y el cielo está nublado

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 El niño, cabizbajo se sienta a comer su bocadillo sentado en el último escalón. _ Afrodísio ¿qué te pasa? ¿A qué viene esa cara? _ No quiero ir al colegio. Hoy un niño me ha llamado gordo. _ La verdad es que yo también estoy hecho polvo. _ Le contesta el abuelo sentándose a su lado con cara de afligido. El niño le mira con ojos interrogantes, ya que su abuelo es un hombre vital y risueño.  _ Abuelo, ¿qué te ha pasado? _ Pregunta preocupado, olvidándose de su aflicción. _ Tu madre me ha dicho que hoy está nublado y a mí me gustan los días azules. _ ¡Abuelo! Pero es que hoy está nublado.  Si miras por la ventana lo verás.  _ Ya, pero tu madre es cruel, me hace daño que me diga eso. _ No entiendo por qué te hace daño que te diga cómo está el día. Está nublado y ya. Esa es la realidad. No tienes que molestarte con mamá porque te diga la verdad. Y mucho menos ponerte triste. El cielo está nublado y gris. El abuelo le mira por el rabillo del ojo y casi susurrando, le preg...

Lavar en el río

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 Sin que me oigan, con gran sigilo, entro en la despensa y con cuidado me llevo ese maravilloso artefacto que mi madre usa para lavar. Salgo de la casa sin que me vean y con gran dificultad acarreo todo lo necesario para hacer la colada. Hoy, por fin, lavaré la ropa de Mariquita. Desde que me la regalaron los Reyes no le he hecho ninguna limpieza. En la orilla del río, deposito en el suelo la tabla de madera que mi madre emplea siempre para hacer la colada. Es curioso, esta tabla tiene una parte con bultitos, así como si fuese una huerta pequeñita llena de surcos. Encima se enjabona la ropa para seguidamente restregarla con brío sobre la superficie ondulada. Mariquita queda desnuda en un santiamén y con cuidado dispongo la tabla al borde del río. Poco a poco voy metiendo las prendas en el agua, las enjabono con un trocito de jabón. Este jabón lo hace mi madre y mi abuela con el aceite usado y con sosa. A mí no me dejan participar en la elaboración porque dicen que la sosa es peligr...

Noticia: Robo de bebés (microrrelato)

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 Ayer abrazaba un carámbano morado que había salido de mis entrañas, mientras mi corazón estallaba cual volcán, inundando mis ojos de lágrimas que nunca se secarán.  Hoy me he enterado de que aquel mismo helado lo saborearon muchas madres, cuyos volcanes se derramaron en él.  La noticia me ha golpeado en la cara, provocando una nueva avalancha de lágrimas. El terremoto que se forma en mi alma pregunta al dolor ¿Dónde está mi hijo? imagen de RTVE

corazón de barro

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 La vida es un instante, es un momento. Lo importante que nos parece todo. Las protestas, los planes rotos o el que pongo hoy de comida. Pero en un segundo la vida te da un vuelco. Suenan sirenas que nunca son para ti, pero esta vez sí, esta vez se llevan tu corazón en una camilla. Lo intentan reanimar, todos ponen su esfuerzo, pero tu corazón se empeña en dejarte seca para siempre. Ya nada importará tanto, ya nada importará nada. Se llevaron tu corazón sin permiso y te lo devolvieron vacío y roto para siempre. La vida es un minuto, un minuto es toda una vida. Ahora tu corazón es de barro seco.  Sus grietas son tan evidentes que no habrá latido que lo aguante.  Hay que vivir con alma, aunque el alma duela, porque un día te darán un corazón de barro que no sabrá abrazar el alma. 

La vieja solitaria

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 Era la hora en la que Elicenia se quedaba sola, pero totalmente sola.  Durante apenas un par de horas su hermana se ausentaba. Nunca le decía el motivo y ella se moría de curiosidad.  Aquel día iba a ser diferente, iba a averiguar a dónde iba, dejándole en aquella casona.  Se había imaginado infinidad de cosas.  Había una que era la que más peso tenía y desde luego no lo iba a consentir.  Quizá ella ya sea una vieja; sin embargo, la inútil de su hermana no iba a dejarla en evidencia delante de todo el pueblo.  Ambas llevaban muchos, sí, quizá demasiados años viviendo solas.  Desde aquello que sucedió. Elicenia, no se arrepentía de nada, aunque las consecuencias para Abelia fuesen tan duras. Ella se lo había buscado. Nadie, ni siquiera su hermana, iba a dejarla en ridículo. Al principio le resultó difícil la convivencia, pero poco a poco se fueron respetando los espacios. Elicenia veía la televisión, mientras hacía aquellos pequeños muñecos de gan...

Conociendo una bruja

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 Por fin nos ponemos en marcha.  Llevo varios días nerviosa ante la perspectiva de ir a la nueva casa del abuelo. Mi padre se cree que no he oído sus comentarios, pero ya sé que no le gusta nada que el abuelo se haya casado otra vez. No sé cómo se casan los abuelos sin invitar a su familia y, sin embargo, el mío sí lo ha hecho. Mi abuela murió hace dos años, yo apenas la recuerdo. _ Hoy vamos a conocer a mi nueva abuela _ eso se me ha ocurrido preguntar y menuda charla me han dado. _ Esa señora, no es ni será nunca tu abuela. ¿Entendido?  _ Vale, vale y entonces, ¿cómo le llamo? _ Bruja, Le puedes llamar bruja.  _ No digas eso a la niña, que luego los suelta. Le llamas por su nombre.  La señora se llama Idea. _ ¿Idea? _ No, espera, que lo apunté. Aidea, así se llama la mujer. Que tu abuelo las busca raritas hasta en el nombre.  En el coche, sentada en el asiento de atrás con mis cuentos encima de las rodillas, mi concentración estaba más bien en los asiento...